Lo que se acepta se transforma

Hace una semana escribía sobre la mente del principiante y hace unos meses sobre la escucha profunda. Hoy me apetece hacerlo sobre otra de las actitudes Mindfulness, la Aceptación.

La aceptación significa ausencia de resistencia a lo que la vida nos ofrece. Significa no oponer resistencia a lo que ya es. Que no es lo mismo que renunciar a cambiar las cosas en el futuro, sino reconocer la realidad que ya existe en el presente. Cuando ocurre algo que nos disgusta o rompe nuestros planes reaccionamos oponiendo resistencia (nos enfadamos) porque lo queremos evitar desde la negación o reprimiendo los sentimientos. Y esto provoca dolor.

La evitación puede adquirir muchas formas, desde la simple negación hasta la represión de los sentimientos, que significa no hacernos conscientes del hecho doloroso o incómodo que se nos presenta en el camino. Si no utilizamos la evitación como mecanismo de defensa (a veces es muy difícil, según la situación), surge en nosotros una oposición clara y frontal a la realidad. Dentro de nosotros nace un sentimiento de rechazo, de rabia, de indignación. Se experimenta como una emoción emergente que va creciendo conforme vamos tomando conciencia de lo que ha sucedido o de lo que acabamos de saber.

El origen del rechazo es completamente natural. Cualquier ser vivo intenta evitar lo que le duele y se aproxima a lo que le favorece. El problema surge cuando lo que nos disgusta es inevitable y, por tanto, no queda más remedio que hacerle frente.

La primera consecuencia del rechazo es que añade un dolor innecesario al dolor ya producido y que es inevitable (por tanto necesario).

En la vida hay muchas situaciones que nos hacen experimentar dolor: pérdidas, separaciones, desilusiones, enfermedades, accidentes, muertes de personas queridas, … Si a este sufrimiento le sumamos nuestra resistencia, estamos generando un sufrimiento innecesario, que nos podríamos ahorrar.

La segunda consecuencia de la resistencia es la imposibilidad de encontrar una solución adecuada a la situación desagradable que la provocó. Y es así por dos cosas:

La primera porque nos impide ver con claridad el conjunto de la situación en la que estamos inmersos. La resistencia es, ante todo, un movimiento emocional que nos priva de la calma y la lucidez.

En segundo lugar, la borrasca emocional nos puede impedir ponerlo en práctica. La energía disponible se desperdicia en el conflicto interno, en la resistencia, en lugar de encaminarse en la acción correcta que podría aliviar la situación problemática. Así, la resistencia, no sólo incrementa el sufrimiento, sino que nos dificulta el encuentro y puesta en marcha de la solución del problema.

En cambio, si no oponemos resistencia, surge la aceptación, que significa que permitimos que la realidad sea tal cual es.

Cuando llegamos a la aceptación total, pasamos de la desesperación a la serenidad más absoluta en un plazo de tiempo muy corto. El sufrimiento termina y podemos llegar a sentirnos en sintonía con la vida, en contacto con nuestro verdadero ser. Este proceso, sin embargo, es un proceso gradual y necesita de un cierto tiempo. Pero cuanto antes nos pongamos, antes llegaremos!

Que la aceptación nos acompañe, porque lo que se acepta se transforma 😉

Gemma Segura Virella


 

1 comentario

Trackbacks y pingbacks

  1. […] de las fuentes de mayor sufrimiento es el querer que la realidad sea distinta a lo que es. En un post anterior os hablé de ello. ¿Por qué siempre deseamos aquello que no tenemos? Tenemos miles de pruebas que […]

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.